Me diagnosticaron hígado graso, ¿y ahora qué?

Durante un control médico rutinario o en una ecografía abdominal puede aparecer un hallazgo inesperado: hígado graso. Un término que, en la mayoría de los pacientes, genera un conjunto de dudas, como ¿y ahora qué pasará?, ¿Es una enfermedad mortal?, ¿Cómo cambiará mi vida?, ¿es contagioso?

Para eliminar todas dudas hay que conocer más sobre a qué nos enfrentamos. Lo primero es saber que el hígado graso no alcohólico es la más común y destacada enfermedad hepática que encontramos en el hígado. Su nombre se debe a que no tiene relación con la ingesta de excesivas cantidades de alcohol, sino a la acumulación anormal de grasa en las células del hígado o hepatocitos.

En este caso, el proceso tarda en ser diagnosticado, puesto que se trata de una enfermedad silenciosa que apenas presenta síntomas, más allá de la sensación de presión o dolor en el abdomen,  fatiga, o pesadez después de las comidas.

Sin embargo, hay que tenerla muy en cuenta, ya que su prolongación comporta un fallo general de las funciones del hígado, llegando incluso a comprometer la vida del paciente. A este estado inflamatorio intermedio se le conoce como esteatosis hepática no alcohólica (EHNA).

Una de las principales causas desencadenantes del hígado graso no alcohólico es la obesidad, especialmente cuando la acumulación se realiza en los tejidos de la zona central o abdominal. De hecho, según datos reportado por la OMS, actualmente existen 400 millones de adultos con este trastorno, de los cuales un 80% son obesos. Por lo tanto, los hábitos alimenticios tienen un papel muy importante a la hora de prevenir y frenar la evolución de esta dolencia.

Otra causa frecuente es la diabetes mellitus tipo 2, a menudo también asociada a la obesidad y cada vez más común, como consecuencia de la occidentalización del estilo de vida en el mundo.

El aumento de los casos de sobrepeso / obesidad, unido a un cambio en la dieta hacia comidas ricas en grasas saturadas y azúcares refinados, y la disminución de la actividad física, han hecho que los casos de diabetes mellitus tipo 2 y esteatosis hepática hayan aumentado considerablemente.

Como tratarlo:

En el caso de las personas con sobrepeso u obesidad, lo primero que hay que hacer es perder kilos y cambiar los hábitos alimenticios. La pérdida de peso debe ser lenta y seguida, es decir, perder entre el 6 – 12% del peso en un período de 6 a 12 meses. De esta forma, estaremos seguro que tanto la persona como su organismo se adapten adecuadamente al cambio que se está llevando a cabo y obtener mejores resultados y más duraderos en el tiempo.

De lo contrario, se ha observado que las pérdidas bruscas de peso, pueden llegar a empeorar el daño hepático.

En el caso de tener hígado graso debemos:

  • Realizar una dieta hipocalórica de 1.200 – 1.500 calorías. Aumentar el consumo de fibra dietética en nuestra alimentación diaria
  • Reducir la ingesta de carbohidratos simples (azúcares, dulces, tortas, postres, etc): el excesivo consumo de los azucares obliga al organismo a producir mayor cantidad de insulina, hormona encargada de trasportar este azúcar hasta el interior de la célula. Por lo tanto, a mayor cantidad de azúcar, mayor desencadenamiento de insulina (una hormona que sintetiza la grasa a nivel celular, por lo cual acumulamos más grasa abdominal).
  • Reducir al máximo la ingesta de grasas saturadas (frituras, lácteos enteros, embutidos, mantequillas, manteca y quesos amarillos)
  • Ayudarnos con el diente de león: (Taraxacum officinalis) una planta coléretica capaz de estimular la función hepática y aumentar la cantidad de bilis que segrega el hígado, gracias a los principios amargos que contiene como la cumarina. Esta planta es un aliado depurativo.
  • Ayudarnos con el Boldo: (peamus boldus): es otra excelente planta para depurar el hígado. Originaria de Chile, su acción colagoga contribuye a estimular el vaciado de la vesícula biliar al duodeno. También tiene propiedades coléreticas, por lo que está muy indicada en el tratamiento reparador de trastornos hepáticos.
  • Como complemento del tratamiento depurativo: es aconsejable fortalecer la salud del hígado con otras plantas como el cardo mariano (sylibum marianum), cuya sustancia antioxidante llamada silimarina tiene la capacidad de regenerar las células hepáticas dañadas por agentes tóxicos o la alcachofa (Cynara scolymus), que tiene la facultad de regular la secreción biliar del hígado y las propiedades regenerativas de las células hepáticas y sus propiedades colagogo – coléricas contribuyen a eliminar el colesterol.
  • El ejercicio físico, especialmente el aeróbico (caminar, correr, nadar, bicicleta), ayuda a disminuir los niveles de azúcar en la sangre, a disminuir los niveles de insulina, quemar más calorías, aumentar el metabolismo y perder peso y grasa corporal por lo cual es indispensable para quien sufre de hígado graso no alcohólico.

Alimentos si:

Fibra: fruta, verdura, harinas integrales (arroz integral,  pan integral, pasta integral, centeno, salvado de avena) y legumbres.

Ácidos grasos monoinsaturados: aceite de oliva, aguacate y aceitunas

Ácidos grasos poliinsaturados: pescado azul, aceites de semilla (girasol, maíz, soja) frutos secos (almendras, nueces) , margarinas vegetales y aceite de hígado de bacalao.

Alimentos No:

Harinas refinadas: pan blanco, repostería y arroz blanco

Alimentos ricos en azúcar: refrescos, bebidas alcohólicas y bebidas azucaradas (ej jugos industriales)

Ácidos grasos saturados: carnes, embutidos, lácteos completos y huevos

Ácidos grasos trans: pastelería industrial, precocinados, helados, pasapalos / tentempiés y salsas

Fuente: El Columnero

Originally posted 2016-01-18 15:45:06.

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